Roberto Cedeño, otra víctima de la violencia. (Foto: Gonzalo Bocanegra / EPASA)
Alonso Solís e Isaac Castillero
| DIAaDIA
No llores por el fútbol, pequeño. Por favor, tus lágrimas son puras, reales y van evidenciadas de un mundo injusto, donde la violencia no deja que el emperador de los deportes viva en El Chorrillo. Hoy, tú no llores, Franco Aparicio, deja que el propio fútbol llore por ti.
Estamos en el Parque Amelia Denis de Icaza, ese del que nadie quiere hablar porque representa la inseguridad que vive el pueblo, a tal punto, que los niños no pueden jugar al fútbol.
El sol arde. Decenas de pequeños se toman de la mano. Hacen una protesta a la violencia, a ese asesino silencioso que roba las sonrisas del gol, en la amargura de una bala.
Franco Aparicio fue el último niño que recibió un disparo en la cancha sintética de El Chorrillo. Él llega taciturno, camina dando tumbos, sus ojos se convierten en un río de sueños truncados.
MANANTIAL DE LA VIDA
¿Por qué sufren los niños? En vez de concentrarse en el deporte, esquivan balas y las autoridades sólo prometen. Palabras que se las lleva el viento. Ese mismo viento que sopla en los recuerdos marchitos de un hospital donde estuvo Franco y, antes, Roberto Cedeño. El fútbol sufre. Y eso duele más que una derrota, duele en el alma, que incrédula aún suspira por tranquilidad para los pequeñines.
LOS PROTAGONISTAS
Para Roberto Cedeño, mejor conocido como "Robertito", quien fue uno de los niños heridos, esto ha sido un golpe muy duro.
"Ya no puedo jugar, ya no es lo mismo, y ahora tengo miedo", en voz baja expresa el pequeño que sólo cuenta con 10 años, quien reclama por más seguridad en el lugar.
Al igual que Robertito, otro de los niños que fue víctima de una bala fue Franco Aparicio, que ahora se siente lastimado y no es para menos, su vida ha dado un giro, pero él da la cara y muestra a los demás que las cosas no son juegos, por lo que todos lo abrazan y le dan una voz de aliento, para que no se rinda.
Una vez que los pequeñines se mostraron ante todos los presentes, culminaron con lo que más les gusta hacer, correr tras la número 5 y meter un gol.
Ahora, se tiene previsto llevar a cabo un proyecto llamado Un Gol por la Vida, en la que a través del fútbol, se tiene como objetivo ayudar a que los niños vivan su infancia con un sentido de esperanza en el futuro, en fin que el deporte sirva como herramienta para la promoción de la convivencia pacífica.
¿DONDE ESTAS, MIRONES?
La cadena de los niños se fue. Hoy es otro día. Este puede ser un reportaje más, que puede caer en oídos sordos.
Pero el fútbol está llorando, no ha parado de llorar, sus lágrimas están por toda la cancha, son escarlatas, como la sangre de estos pequeños que han sufrido. Basta a la violencia. Que vuelva a reír el fútbol. Dejen que los niños jueguen el deporte más popular del mundo, ese que hace llorar, pero no de tristeza, sino de alegría.
DICEN NO
Un tiro a gol contra la violencia en El Chorrillo los niños piden a gritos que se terminen las balaceras.