
Hay internas que tienen más de un año de estar presas y aún están a la espera de un juicio.
Foto: ARCHIVO
Hay internas que tienen más de un año de estar presas y aún están a la espera de un juicio.
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Hay internas que tienen más de un año de estar presas y aún están a la espera de un juicio.
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Está un poco más delgada.
Hay internas que tienen más de un año de estar presas y aún están a la espera de un juicio.
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Está un poco más delgada.
Hay internas que tienen más de un año de estar presas y aún están a la espera de un juicio.
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Está un poco más delgada.
Hay internas que tienen más de un año de estar presas y aún están a la espera de un juicio.
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Está un poco más delgada.
Hay internas que tienen más de un año de estar presas y aún están a la espera de un juicio.
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Está un poco más delgada.
Ya sentados en las bancas, los familiares sacaban el jamón, ensaladas y el famoso arroz con guandú e improvisaban una cena navideña. Todo fue rápido, pues la visita solo era de 9:00 a.m. a 12:00 mediodía.
De todo
Mujeres mimando a sus bebés recién nacidos, otras que miraban con emoción a sus niños que, inocentes, desconocían el porqué su madre estaba lejos de ellos. Otros más grandes se divertían con juegos de azar.
No todo fue tristeza, el tiempo fue bien aprovechado por algunas internas que hasta pedicure y alisados hicieron. “De alguna manera hay que mantener la mente distraída”, aseguró una de ellas.
Se lastiman
La mayoría de las detenidas están en el centro por delitos ligados a las drogas, tres de ellas explicaron a DIAaDIA que hay féminas que para aplacar el dolor por estar distante de su familia, se hacen cortadas en las manos.
Ayer, las visitas eran para las internas que trabajan en los talleres del penal. ¡Feliz Navidad!, les decían a las otras detenidas que estaban en el área restringida, tras las cerca que las separaba por esas tres horas, pero que durante semanas, meses y hasta años las une.
Finalmente, el timbre sonó y las lágrimas que fueron retenidas por tres horas salieron. Besos y abrazos de parejas, madres, hijos, amigos no se hicieron esperar. Muchos cartuchos de comida quedaron allá en el penal, pero eso no menguaba el dolor por el encierro y la ausencia de familiares.
Ya afuera, consanguíneos se miraban unos a otros y en su silencio compartían ese mismo dolor.