Una tragedia que no se olvida. Un retrato colgado en la pared de la sala de la familia Cruz, en Burunga de Arraiján, les recuerda aquel incidente donde Agustín Cruz, de 18 años, perdió la vida.
Este joven, junto a sus amigos Dídimo Sánchez y Saturnino González salieron de sus casas un 31 de enero de 1989 y se adentraron a las montañas de Emperador, área de polígonos de tiro, para obtener el cobre de los casquillos de bala que quedaban de las prácticas de los militares estadounidenses y venderlos para tener algo de dinero. Esta labor era muy común en esos tiempos.
Tal fue la mala suerte con la que corrieron, pues como contó su hermana Elizabeth Martínez, en medio de la búsqueda, Agustín pisó una mina y un fuerte estallido los expulsó. Una esquirla fue a dar al cuello del muchacho, quien fue llevado al Hospital Gorgas, donde llegó con vida, pero falleció tiempo después.
DIAaDIA llegó también a la casa de Saturnino, quien poco quiere hablar sobre el tema, incluso se fue a vivir a otro lugar y aduce que desde el accidente que le dejó huellas a un costado de su cuerpo, no ha vuelto a las montañas de Emperador, porque allí aún quedan artefactos explosivos que ahora son custodiados por la ANAM.
"Las costillas impidieron que el fragmento me llegara al pulmón", dijo Saturnino, quien comentó que con el estallido quedaron sin oxígeno y se dispersaron para buscar ayuda.
Otro caso que es recordado en la comunidad, es el del señor Pablo Brown, quien se dedicaba a la caza, pero un día encontró una granada y sin saber qué era, ésta también estalló, él perdió uno de sus ojos.
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